Capítulo 5
Los orígenes de la Villa de San Bernardo

Margarita necesita encontrar un regalo para una amiga y Don Bernardo tiene una solución inesperada: realizar un viaje exprés hasta 1821. Juntos llegan a los primeros años de la Villa de San Bernardo, donde recorren su antigua plaza y descubren cómo se organizaron los terrenos, las viviendas y las acequias que formaron parte de la vida cotidiana de sus primeros habitantes.
Margarita se prepara para asistir al cumpleaños de una amiga, pero tiene un problema: faltan apenas unas horas y todavía no ha conseguido un regalo. Don Bernardo, como tantas otras veces, encuentra una solución inesperada: realizar un viaje en el tiempo, esta vez uno muy breve.
Después de cerrar los ojos e imaginar, abuelo y nieta aparecen en San Bernardo en 1821, en los primeros tiempos de la villa.
Margarita apenas reconoce el lugar. La ciudad que conoce todavía no existe y frente a sus ojos comienza a descubrir cómo se organizaba aquel naciente poblado.
Don Bernardo le recuerda que la construcción del Canal del Maipo permitió regar y valorizar aquellos terrenos. Le explica cómo las tierras fueron divididas y posteriormente subdivididas en lotes, con el compromiso de cultivarlas y trabajarlas.
Poco a poco empiezan a aparecer las primeras viviendas, algunas construidas siguiendo formas tradicionales de la arquitectura chilena, con largos patios. También se reservaron terrenos destinados a una parroquia y una escuela.
Margarita quiere saber quiénes recibían aquellas tierras. Su abuelo le cuenta que entre los beneficiados se consideró a viudas de hombres que habían participado en las luchas por la Independencia.
El recorrido permite también conocer algo fundamental para la vida cotidiana de aquellos años: el agua.
San Bernardo estaba rodeado de acequias por las que circulaba el agua necesaria para las personas, los animales y los cultivos. Los pozos eran escasos y Don Bernardo recuerda que uno de ellos se encontraba en la plaza. Mantener limpias las acequias era indispensable para los habitantes.
Pero Margarita comienza a inquietarse. Tiene que regresar al presente porque se acerca la hora del cumpleaños.
Antes de volver, Don Bernardo le propone un regalo extraordinario: tomarle una fotografía en aquella plaza de 1821. Nadie podría creer que Margarita había estado realmente allí.
Finalmente reconoce que se trata de una broma y le entrega algo todavía más especial: una caja de música de 1821 para regalar a su amiga.
Con el regalo resuelto, Margarita y Don Bernardo vuelven a cerrar los ojos.
Una vez más, solo queda imaginar.

Sobre esta edición: Este relato es una adaptación para lectura realizada por ServicioWeb.cl a partir del radioteatro original Historias de Don Bernardo, con libretos y dirección de Marcelo Mallea H., publicado con autorización de su autor. Las recreaciones visuales fueron realizadas especialmente para esta edición de ServicioWeb.cl.
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