Capítulo 17

La Maestranza: entre el orgullo y la memoria

La Maestranza: entre el orgullo y la memoria, capítulo de Las Historias de Don Bernardo

Don Bernardo y Margarita regresan a la Maestranza Central de San Bernardo para descubrir sus grandes logros ferroviarios, la vida de su comunidad obrera y una dolorosa historia que merece permanecer en la memoria.

Las Historias de Don BernardoCapítulo 17: La Maestranza: entre el orgullo y la memoria

La Maestranza: entre el orgullo y la memoria

Las historias de Don Bernardo — Capítulo 17

La tarde avanzaba lentamente sobre San Bernardo. Después de recorrer los inmensos talleres de la Maestranza Central, Don Bernardo y Margarita habían hecho una pausa para descansar y compartir una comida.

La niña todavía estaba maravillada con todo lo que había descubierto. Jamás imaginó que aquellos edificios silenciosos que conocía en el presente hubieran albergado tanta vida, tantas máquinas y tantos sueños.

Pero su abuelo guardaba nuevas historias.

Sobre la mesa descansaban dos fotografías antiguas. Don Bernardo las observaba con una mezcla de orgullo y nostalgia. En una de ellas aparecía mucho más joven, junto a una imponente locomotora.

Margarita se acercó para verla mejor.

Aquella máquina parecía representar algo especial para su abuelo.

Y así era.

Una locomotora nacida del esfuerzo chileno

La fotografía mostraba una de las grandes realizaciones de la Maestranza Central: la locomotora Juan Antonio Ríos.

Según recordaba Don Bernardo, había sido construida en 1942, utilizando mayoritariamente materiales nacionales. Era una locomotora de trocha métrica, tipo W, cuya fabricación constituyó un motivo de orgullo para los trabajadores ferroviarios.

Lo extraordinario era el tiempo que había tomado construirla.

Apenas cuatro meses.

Margarita apenas podía creerlo.

Pero Don Bernardo conocía la respuesta. Detrás de aquella hazaña estaban los conocimientos de los obreros, la experiencia de los maestros, la disciplina de los talleres y un profundo sentimiento de pertenencia.

Cada pieza representaba horas de trabajo. Cada ajuste exigía precisión. Cada trabajador sabía que participaba en una obra que trascendía su propio oficio.

La Maestranza era mucho más que un lugar donde se reparaban máquinas.

Era una comunidad capaz de construirlas.

Mientras contemplaba la fotografía, el rostro del anciano cambió lentamente. Su sonrisa se apagó y sus ojos parecieron buscar, entre los recuerdos, a compañeros que ya no estaban.

Margarita comprendió que aquella imagen guardaba también una tristeza que su abuelo todavía llevaba consigo.

El regreso a una ciudad ferroviaria

Una vez más, el extraordinario fotonumerocóptero permitió que ambos viajaran hacia el pasado.

En un instante volvieron a encontrarse entre los talleres, las calles interiores y las instalaciones de la Maestranza.

El movimiento era incesante.

Numerosos trabajadores circulaban en bicicleta, mientras otros se dirigían hacia sus puestos de trabajo. Las locomotoras aguardaban reparaciones y las máquinas industriales mantenían una actividad constante.

Don Bernardo le mostró a Margarita instalaciones que revelaban la enorme capacidad técnica del complejo ferroviario.

Allí se encontraba la planta siderúrgica. Más adelante podían observarse sectores dedicados a la reparación de locomotoras diésel.

También existía una planta de oxígeno que, según explicaba su abuelo, abastecía al Hospital Parroquial.

La Maestranza contaba incluso con su propia generación de electricidad.

Margarita comenzaba a comprender la magnitud de aquel lugar.

No se trataba solamente de grandes edificios llenos de maquinaria.

Era una verdadera ciudad industrial, con recursos, conocimientos y trabajadores capaces de resolver innumerables necesidades.

Cuando el ferrocarril también construía comunidad

Sin embargo, Don Bernardo quería mostrarle algo que no aparecía en los planos de los talleres.

La vida de los ferroviarios no terminaba cuando concluía la jornada laboral.

Los trabajadores habían formado una comunidad unida por el oficio, la amistad y el orgullo de pertenecer a la Maestranza.

Existían agrupaciones musicales, actividades folclóricas y clubes deportivos que animaban la vida de San Bernardo.

El fútbol, el básquetbol y la rayuela reunían a compañeros y familias en encuentros que fortalecían los vínculos del barrio.

Don Bernardo recordaba especialmente el orfeón ferroviario, cuya música acompañaba celebraciones y acontecimientos comunitarios.

También le mostró a Margarita el estadio de la Maestranza.

Más adelante, durante la década de 1960, el impulso de la organización obrera permitió levantar el Gimnasio Ferroviario, recordado en el relato como el primer recinto deportivo techado de la ciudad.

Para aquellos trabajadores, la Maestranza no era solamente su fuente de ingresos.

Era el lugar donde habían aprendido un oficio, construido amistades, formado familias y compartido una manera de entender la vida.

Por eso sus recuerdos estaban llenos de afecto.

Y por eso también resultaba tan doloroso hablar de su desaparición.

El lento silencio de los talleres

Margarita llevaba tiempo pensando en una pregunta.

Si la Maestranza había sido tan importante, si sus trabajadores habían construido locomotoras y contribuido al desarrollo de la ciudad, ¿por qué había terminado perdiendo su actividad?

Don Bernardo guardó silencio antes de responder.

A partir de la década de 1950, el ferrocarril comenzó a experimentar profundas transformaciones tecnológicas.

Las locomotoras de vapor fueron dando paso a las máquinas diésel y eléctricas. Al mismo tiempo, las decisiones de inversión y las políticas de transporte fueron modificando el papel que los ferrocarriles habían tenido en Chile.

Con los años, numerosos ramales perdieron actividad y distintas estaciones dejaron de cumplir la función que alguna vez las había convertido en puntos de encuentro entre ciudades y pueblos.

Durante la dictadura militar, el debilitamiento del sistema ferroviario se profundizó.

Para Don Bernardo, aquel proceso significó mucho más que la pérdida de una actividad industrial.

Era como observar cómo desaparecía lentamente una parte de la vida de San Bernardo.

Los talleres que antes habían estado llenos de voces comenzaron a quedar en silencio.

Y con ellos se fue apagando una forma de vida que había marcado a generaciones enteras.

Once compañeros que nunca regresaron

Pero había un recuerdo todavía más doloroso.

Don Bernardo se detuvo en un lugar de la Maestranza que conocía profundamente.

Allí, según le explicó a Margarita, nueve trabajadores ferroviarios habían sido detenidos por militares durante la dictadura. Otros dos fueron detenidos en sus domicilios.

Los once fueron llevados al sector del Cerro Chena, donde fueron ejecutados.

El anciano recordó a sus compañeros con una tristeza que ninguna fotografía podía expresar.

Eran hombres que habían compartido jornadas de trabajo, conversaciones, esfuerzos y esperanzas.

Tenían familias, amigos y una historia ligada a la Maestranza.

Su muerte dejó una herida profunda en la comunidad ferroviaria de San Bernardo.

Para sus seres queridos, el paso de los años no había borrado el dolor ni la necesidad de verdad y justicia.

Margarita escuchaba en silencio.

Hasta ese momento había conocido la Maestranza como un lugar de grandes construcciones, avances técnicos y orgullosos trabajadores.

Ahora descubría que también era escenario de una historia de sufrimiento que no debía permanecer oculta.

Su abuelo quería que comprendiera algo fundamental: conocer el pasado significaba recordar sus realizaciones, pero también reconocer sus tragedias.

Porque la memoria de una ciudad no puede construirse solamente con sus momentos felices.

También debe conservar los nombres, las vidas y las historias de quienes sufrieron la violencia.

La promesa de Margarita

Don Bernardo observó a su nieta.

Había pasado gran parte de su vida viendo cómo los edificios de la Maestranza se deterioraban y cómo muchas de sus historias comenzaban a desaparecer de la memoria colectiva.

Le entristecía pensar que las nuevas generaciones pudieran caminar frente a aquellos inmensos pabellones sin conocer lo que había sucedido entre sus muros.

Pero Margarita tenía una respuesta.

Su diario guardaría todo lo que habían visto y aprendido.

Escribiría sobre los trabajadores, las locomotoras, los talleres, las bicicletas que recorrían las calles y las familias que habían dado vida a aquella comunidad.

Y también dejaría constancia de los once ferroviarios que nunca regresaron a sus hogares.

Don Bernardo volvió a sonreír.

Comprendió que, mientras alguien estuviera dispuesto a escuchar y transmitir aquellas historias, el pasado no desaparecería por completo.

Un nuevo viaje hacia el Cerro Chena

Antes de regresar, Don Bernardo sacó una nueva fotografía.

Esta vez no mostraba locomotoras ni talleres.

En ella aparecía un lugar muy conocido por los habitantes de San Bernardo: el Cerro Chena.

Margarita lo reconoció inmediatamente.

Pero su abuelo tenía preparada una sorpresa.

El próximo viaje no estaría dedicado a las máquinas ferroviarias, sino a una antigua celebración popular que había reunido durante años a las familias de la ciudad.

Era el famoso Dieciocho Chico.

Margarita sintió que la curiosidad volvía a despertarse.

Una nueva aventura estaba por comenzar.

Y mientras el fotonumerocóptero se preparaba para llevarlos hacia otro momento de la historia, la niña comprendió que San Bernardo todavía guardaba innumerables recuerdos esperando ser descubiertos.

Porque una ciudad no vive solamente en sus edificios y sus calles. También vive en la memoria de quienes la construyeron.

¿Conociste a algún trabajador de la Maestranza Central de San Bernardo? ¿Qué recuerdos de aquella época crees que debemos conservar para las nuevas generaciones?

Don Bernardo y Margarita en La Maestranza: entre el orgullo y la memoria | ServicioWeb.cl

Sobre esta edición: Este relato es una adaptación para lectura realizada por ServicioWeb.cl a partir del radioteatro original Historias de Don Bernardo, con libretos y dirección de Marcelo Mallea H., publicado con autorización de su autor. Las recreaciones visuales fueron realizadas especialmente para esta edición de ServicioWeb.cl.