Capítulo 14
La Fiesta de la Primavera de San Bernardo, 1953

Una noche de verano, Margarita recibe una visita extraordinaria: su abuelo Bernardo llega convertido en parte del viento y la invita a viajar al San Bernardo de 1953. Juntos descubrirán la inolvidable Fiesta de la Primavera, sus reinas, bailes, carros alegóricos y celebraciones populares. Una aventura llena de nostalgia que revive las tradiciones y recuerdos de una ciudad que celebraba la llegada de la primavera con entusiasmo y alegría.
Capítulo 14 — La Fiesta de la Primavera de San Bernardo, 1953
La noche había caído sobre la playa, pero el calor todavía se dejaba sentir.
Margarita se encontraba en su habitación, intentando escribir algunas líneas en su diario antes de dormir.
Las vacaciones continuaban y posiblemente al día siguiente viajaría con su familia al campo, a casa de su tía Dora.
Aquella visita la tenía entusiasmada. Le encantaban los animales y esperaba volver a encontrarse con las vacas, gallinas y caballos que tanto disfrutaba observar.
Sin embargo, durante los últimos días se había sentido especialmente cansada.
Quizás fuera por el aire marino o por las extraordinarias aventuras que había vivido junto a su abuelo Bernardo.
No estaba segura.
Finalmente decidió cerrar su diario y descansar.
Pero cuando estaba a punto de quedarse dormida, unos golpes en la ventana interrumpieron la tranquilidad de la habitación.
Margarita se levantó para descubrir quién estaba afuera.
No encontró a nadie.
Lo más extraño era que la temperatura había cambiado repentinamente. El calor de aquella noche de verano había dado paso a un viento frío que parecía anunciar algo inesperado.
Los golpes volvieron a escucharse.
Esta vez, entre el silbido del viento, Margarita reconoció una voz familiar.
Era Don Bernardo.
Su abuelo había encontrado otra manera sorprendente de presentarse ante ella.
Ahora aseguraba formar parte del viento.
Una invitación que llegó con el viento
Margarita no podía comprender cómo su abuelo había conseguido aparecer de aquella manera.
Don Bernardo, siempre dispuesto a transformar cualquier situación en una aventura, le explicó que aquella noche el viento sería su compañero de viaje.
La invitó a abrigarse y acompañarlo.
La niña dudó.
No entendía cómo podría subirse a una ráfaga de aire, pero su abuelo le aseguró que no debía tener miedo.
Le pidió que observara, escuchara y confiara en su imaginación.
Margarita decidió intentarlo.
De pronto sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo.
Estaba volando.
El viento la envolvía mientras la noche parecía extenderse bajo sus pies.
Su abuelo le pidió que cerrara los ojos y se dejara llevar.
Una vez más, comenzaba uno de aquellos viajes extraordinarios que solamente Don Bernardo parecía capaz de hacer posibles.
El antiguo Teatro Municipal de San Bernardo
Cuando Margarita volvió a abrir los ojos, se encontró frente a un edificio lleno de luces y movimiento.
Numerosas personas llegaban elegantemente vestidas, conversando y saludándose antes de ingresar.
Desde el interior se escuchaban voces, música y aplausos.
Don Bernardo le explicó que se encontraban en el antiguo Teatro Municipal de San Bernardo.
Margarita reconoció el edificio.
Era el mismo que conocía en su propia época, aunque entonces se encontraba abandonado.
Ahora, en cambio, parecía vivir uno de sus momentos de mayor esplendor.
Habían viajado al año 1953.
Y aquella noche se celebraba uno de los acontecimientos más esperados por los habitantes de la ciudad: la coronación de la Reina de la Primavera.
Una tradición que reunía a toda la ciudad
Las Fiestas de la Primavera ocuparon un lugar especial en los recuerdos de numerosas generaciones de sanbernardinos.
Eran celebraciones que movilizaban a familias, vecinos, amistades y distintos sectores de la comunidad.
La elección de la reina despertaba gran entusiasmo.
Cada candidata contaba con un comando de apoyo, integrado muchas veces por sus familiares, su pololo, amigas y vecinos.
Estos grupos organizaban actividades para reunir votos y conseguir respaldo para sus respectivas candidaturas.
Una de las costumbres más características eran los malones, reuniones y bailes donde los participantes compartían momentos de diversión mientras colaboraban con la campaña de su candidata favorita.
Margarita escuchaba con curiosidad las explicaciones de su abuelo.
Le sorprendía descubrir que una celebración pudiera movilizar a tantas personas.
Don Bernardo le hizo comprender que aquellas fiestas eran mucho más que una competencia para elegir a una reina.
Constituían una oportunidad para encontrarse, compartir y fortalecer los vínculos entre los habitantes de San Bernardo.
La coronación de la Reina de la Primavera de 1953
El interior del teatro estaba lleno de espectadores.
Todos esperaban el momento central de la velada.
Un presentador apareció sobre el escenario y solicitó silencio.
Había llegado la hora de anunciar a la Reina de la Primavera de 1953.
El público respondió con un prolongado aplauso.
Margarita observaba fascinada la ceremonia.
Las luces, los adornos y la expectación de los asistentes convertían aquella noche en un acontecimiento especial.
Don Bernardo le explicó que, como parte de la celebración, también se realizaban presentaciones artísticas y homenajes dedicados a la reina.
Uno de aquellos momentos estaba reservado para el poeta laureado.
Los versos dedicados a la reina
El poeta comenzó a recitar una composición amorosa llena de imágenes y comparaciones.
Sus palabras evocaban la belleza de una mujer mediante referencias a la naturaleza, los animales, las montañas y las flores.
La solemnidad de los versos contrastaba con el ambiente festivo del teatro.
Los asistentes escuchaban atentamente.
Margarita intentaba comprender aquellas expresiones poéticas, tan diferentes del lenguaje que utilizaba todos los días.
Don Bernardo, en cambio, parecía disfrutar profundamente la presentación.
Cuando terminó el recital, el teatro se llenó de aplausos.
Su abuelo celebró con tanto entusiasmo que Margarita temió que alguien pudiera descubrirlos.
Pero Don Bernardo le recordó que, durante aquel viaje, ambos eran como el viento.
Podían observar cuanto sucedía sin que los habitantes de aquella época advirtieran su presencia.
La niña todavía encontraba difícil aceptar semejante explicación.
Sin embargo, todo lo que estaba contemplando parecía demostrar que su abuelo tenía razón.
Una presentación que terminó inesperadamente
La ceremonia continuó con un nuevo número artístico.
El presentador anunció que la Reina de la Primavera interpretaría un baile español.
La noticia despertó el entusiasmo de los espectadores.
Margarita observó con atención el comienzo de la presentación.
Pero, de manera inesperada, la celebración se vio interrumpida.
Desde el escenario comenzaron a escucharse voces de alarma.
Alguien pedía que llamaran a un médico.
Otras personas intentaban auxiliar a la joven.
Según lo que Margarita alcanzó a escuchar, la reina había sufrido una caída y parecía encontrarse inconsciente detrás del escenario.
La niña quedó profundamente preocupada.
No comprendía cómo una celebración tan alegre podía transformarse repentinamente en una situación semejante.
Quiso saber qué había ocurrido y si la joven se recuperaría.
Don Bernardo le explicó que estaban presenciando un episodio que ya pertenecía al pasado.
No podían intervenir para modificarlo.
Era una de las reglas fundamentales de aquellos viajes: observar los acontecimientos, conocerlos y aprender de ellos, sin alterar su desarrollo.
Margarita habría querido permanecer allí hasta conocer el desenlace.
Pero su abuelo le anunció que debían regresar.
El viento que los había llevado hasta 1953 comenzaba a perder fuerza.
Los desfiles alrededor de la Plaza de Armas
Antes de abandonar aquella época, Margarita quiso saber qué otras actividades formaban parte de las Fiestas de la Primavera.
Don Bernardo le contó que los domingos se organizaban grandes desfiles de carros y comparsas alrededor de la Plaza de Armas de San Bernardo.
Los carros eran adornados con flores, guirnaldas y diversos elementos preparados con creatividad por quienes participaban en la celebración.
Su ornamentación exigía tiempo, trabajo y colaboración.
Muchas personas contribuían con materiales, dinero o esfuerzo para conseguir que el carro de su candidata destacara entre los demás.
Las comparsas reunían a participantes disfrazados que recorrían las calles en medio de la alegría popular.
El público esperaba el paso de los carros y saludaba a las candidatas con aplausos, challas y serpentinas.
Margarita imaginó la Plaza de Armas cubierta de colores.
Las calles llenas de espectadores, los adornos florales y el entusiasmo de los vecinos debían ofrecer un espectáculo difícil de olvidar.
Don Bernardo le explicó que aquellas celebraciones habían quedado profundamente grabadas en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de vivirlas.
Los malones junto a la estación de ferrocarriles
Entre los lugares asociados a aquellas festividades, Don Bernardo recordó un recinto ubicado junto a la estación de ferrocarriles.
Allí existían unas canchas de tenis cuidadosamente embaldosadas, administradas por los ferroviarios.
El lugar también era utilizado para reuniones y actividades sociales.
Durante las celebraciones se organizaban encuentros y malones que contribuían a reunir apoyo para las candidatas.
Había además un quiosco donde se vendían bebidas, pasteles y los tradicionales panes de huevo.
Margarita escuchaba con interés.
Aquellos pequeños detalles le permitían imaginar la vida cotidiana de una ciudad que conservaba costumbres muy distintas de las que ella conocía.
No se trataba solamente de grandes ceremonias.
También eran importantes los lugares donde los vecinos se reunían, compartían alimentos, escuchaban música y disfrutaban de una tarde de primavera.
El San Bernardo que permanece en la memoria
Mientras Don Bernardo continuaba recordando las celebraciones, Margarita comenzó a comprender el verdadero significado de aquella aventura.
Había conocido un Teatro Municipal lleno de vida.
Había presenciado la coronación de una reina y escuchado los versos dedicados en su honor.
También había descubierto cómo los vecinos participaban en la organización de las fiestas y cómo las calles de San Bernardo se transformaban durante los desfiles.
Todo aquello pertenecía a una época que había quedado atrás.
Los edificios podían cambiar.
Las costumbres podían desaparecer.
Y los lugares que alguna vez estuvieron llenos de personas podían terminar silenciosos y abandonados.
Pero los recuerdos continuaban viviendo en quienes habían participado de aquellas celebraciones.
Don Bernardo quería que su nieta comprendiera precisamente eso.
La historia de una ciudad no estaba formada solamente por sus autoridades, sus edificios o los grandes acontecimientos.
También se encontraba en las fiestas populares, las reuniones familiares, las tradiciones compartidas y las experiencias que permanecían en la memoria de sus habitantes.
El regreso de Margarita
Había llegado el momento de partir.
Don Bernardo le pidió a Margarita que se afirmara bien.
El viento volvió a envolverlos y, poco a poco, las luces del antiguo teatro comenzaron a desaparecer.
La niña sintió que dejaba atrás el San Bernardo de 1953.
En su memoria permanecían los aplausos del público, las flores, las serpentinas y los relatos de aquellas fiestas que reunían a toda la ciudad.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba nuevamente en su habitación junto al mar.
El viaje había terminado.
Margarita agradeció a su abuelo por haberla llevado a conocer la Fiesta de la Primavera.
Sin embargo, ya no tenía sueño.
Don Bernardo le recordó que al día siguiente posiblemente viajaría al campo, a casa de su tía Dora.
La niña se entusiasmó al pensar en aquella visita y le preguntó si también los acompañaría.
Su abuelo no quiso comprometerse.
Le explicó que todo dependería del viento.
Margarita sonrió.
Conocía demasiado bien aquella respuesta.
Nunca sabía cuándo volvería a encontrarse con Don Bernardo ni qué nueva aventura podría surgir de su extraordinaria imaginación.
Pero estaba segura de que todavía quedaban muchas historias por descubrir.
Aquella noche había aprendido que las tradiciones populares también forman parte del patrimonio de una comunidad.
Y que recordar las antiguas Fiestas de la Primavera era una manera de mantener viva una parte entrañable de la historia de San Bernardo.
Así concluyó otro viaje por la memoria de nuestra ciudad, acompañados por Don Bernardo y Margarita.

Sobre esta edición: Este relato es una adaptación para lectura realizada por ServicioWeb.cl a partir del radioteatro original Historias de Don Bernardo, con libretos y dirección de Marcelo Mallea H., publicado con autorización de su autor. Las recreaciones visuales fueron realizadas especialmente para esta edición de ServicioWeb.cl.
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