Capítulo 24
Gabriela Mistral y Manuel Magallanes Moure: cartas, poesía y una caracola misteriosa

Una tarde lluviosa de invierno, Margarita encuentra refugio en la poesía de Gabriela Mistral. Don Bernardo le revela la historia de la correspondencia entre la escritora y Manuel Magallanes Moure, poeta vinculado a San Bernardo. Entre cartas, confidencias y preguntas sobre el amor, el abuelo sorprende a su nieta con una caracola que parece guardar la voz de Gabriela.
La lluvia caía suavemente sobre los tejados de San Bernardo.
Era una de aquellas tardes de invierno en que el cielo parecía perder sus colores y las calles permanecían silenciosas bajo el agua.
Margarita estaba en su habitación, acompañada por sus libros y su querido diario.
Había pasado largo rato observando las gotas que resbalaban por la ventana.
El invierno le producía cierta tristeza.
Los árboles habían perdido sus hojas y el jardín parecía descansar, esperando la llegada de una nueva primavera.
Sin embargo, Margarita comprendía que aquella apariencia de tristeza también formaba parte de la naturaleza.
Después del invierno volverían las flores.
Y con ellas, la vida comenzaría nuevamente.
Aquella reflexión la llevó a pensar en la poesía.
Sobre su escritorio descansaba un libro de Gabriela Mistral.
Margarita acababa de descubrir la profundidad de sus versos y sentía que cada poema le abría una ventana hacia un mundo desconocido.
Lo que todavía no imaginaba era que su abuelo estaba a punto de contarle una historia en la que la poesía, las cartas y los sentimientos se entrelazaban con la memoria cultural de San Bernardo.
UNA TARDE DE INVIERNO CON GABRIELA MISTRAL
Margarita escribía en su diario mientras escuchaba la lluvia.
Había estado leyendo Tala, una de las obras más importantes de Gabriela Mistral, publicada en 1938.
Los poemas le provocaban emociones difíciles de explicar.
Algunos hablaban de la infancia y la maternidad.
Otros exploraban el dolor, la ausencia, los recuerdos y los misterios de la existencia.
Margarita sentía que aquellas palabras expresaban sentimientos que muchas veces ella misma no sabía describir.
Deseaba compartir su descubrimiento con Don Bernardo.
Le habría gustado tenerlo cerca para mostrarle los poemas que más la habían impresionado.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Su abuelo habló desde un rincón de la habitación.
Margarita se sobresaltó.
No había advertido su presencia.
Don Bernardo aseguró que llevaba largo rato acompañándola, observando la lluvia en silencio.
La niña no podía comprender cómo había logrado pasar inadvertido.
Su abuelo, divertido, le explicó que había aprendido a permanecer tan quieto y silencioso que a veces las personas dejaban de reparar en él.
Margarita terminó aceptando aquella explicación, aunque seguía sospechando que su abuelo disfrutaba inventando pequeños misterios.
EL SILENCIO Y LOS LIBROS
Don Bernardo se acercó al escritorio.
Reconoció inmediatamente el libro que Margarita estaba leyendo.
Gabriela Mistral era una de las figuras literarias que más admiraba.
La poeta, nacida en Vicuña en 1889 con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga, había desarrollado una obra profundamente vinculada con la educación, la naturaleza, la infancia y los sentimientos humanos.
En 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera persona latinoamericana en obtener aquel reconocimiento en esa categoría.
Pero Don Bernardo no quería hablar solamente de sus libros.
Tenía preparada una historia que relacionaba a Gabriela Mistral con otro escritor chileno.
Un hombre cuyo nombre estaba unido a la vida cultural de San Bernardo.
Manuel Magallanes Moure.
Margarita conocía aquel apellido.
Recordaba que su abuelo le había hablado anteriormente del poeta y de su vinculación con la Colonia Tolstoyana de San Bernardo.
Pero desconocía que Magallanes Moure había mantenido una intensa correspondencia con Gabriela Mistral.
MANUEL MAGALLANES MOURE Y SAN BERNARDO
Manuel Magallanes Moure fue un poeta, escritor y artista chileno nacido en 1878.
Su trayectoria estuvo vinculada a importantes movimientos literarios y culturales de comienzos del siglo XX.
También participó en la experiencia de la Colonia Tolstoyana, una iniciativa artística e intelectual desarrollada en San Bernardo durante los primeros años de aquel siglo.
La colonia reunió a escritores y artistas interesados en explorar formas de vida inspiradas en ideales de sencillez, convivencia y creación.
Entre quienes estuvieron relacionados con aquella experiencia figuraron Augusto D'Halmar y Fernando Santiván.
Para Margarita resultaba fascinante descubrir que su ciudad había sido escenario de reuniones y proyectos protagonizados por escritores que posteriormente ocuparían un lugar importante en la historia cultural de Chile.
Pero Don Bernardo todavía guardaba su mayor sorpresa.
Le explicó que Manuel Magallanes Moure y Gabriela Mistral habían intercambiado numerosas cartas.
En ellas compartieron pensamientos, preocupaciones, sentimientos y reflexiones sobre la vida.
La correspondencia permitió construir una relación de gran cercanía intelectual y afectiva.
LAS CARTAS DE GABRIELA
Don Bernardo aseguró que conservaba una copia de una carta relacionada con aquella correspondencia.
La había guardado durante muchos años.
Margarita abrió los ojos con asombro.
No podía creer que su abuelo tuviera un documento vinculado con dos figuras tan importantes de la literatura chilena.
Con enorme cuidado, comenzó a leer.
Las palabras de Gabriela revelaban una personalidad compleja, profundamente sensible y marcada por intensas reflexiones interiores.
La escritora hablaba de sus dolores, de sus contradicciones y de la dificultad de expresar plenamente lo que sentía.
También manifestaba una gran admiración por su interlocutor.
La niña descubrió que aquellas cartas eran muy distintas de los textos escolares que acostumbraba leer.
No estaban escritas para explicar una lección ni para contar una historia destinada al público.
Eran palabras personales.
Confidencias que permitían acercarse a la intimidad de quienes las habían escrito.
Margarita quedó impresionada por la sinceridad de Gabriela.
Comprendió que detrás de una autora admirada por generaciones existía una mujer que también había conocido la tristeza, la incertidumbre y la necesidad de ser comprendida.
UNA AMISTAD ENTRE POESÍA Y SENTIMIENTOS
Don Bernardo le explicó que la relación epistolar entre Gabriela Mistral y Manuel Magallanes Moure se había desarrollado durante la segunda década del siglo XX.
El relato situaba sus comienzos alrededor de 1913, en una época en que la poeta todavía estaba construyendo su reconocimiento literario.
La correspondencia adquirió especial importancia durante los años siguientes.
Ambos escritores compartían una sensibilidad artística que les permitía comprenderse mediante la palabra escrita.
En las cartas aparecían recuerdos, confesiones, preguntas y expresiones de admiración.
También se mencionaban experiencias personales dolorosas, como la relación de Gabriela con Romelio Ureta, cuya muerte había dejado una profunda huella en su vida y en su poesía.
Margarita comenzó a sospechar que aquella amistad podía haber escondido sentimientos más intensos.
Su abuelo no descartó esa posibilidad.
Sin embargo, le explicó que las relaciones humanas no siempre pueden clasificarse de manera sencilla.
La admiración, la amistad, el afecto y el amor pueden entrelazarse de formas difíciles de comprender desde la distancia del tiempo.
Las cartas permiten conocer parte de aquellos sentimientos.
Pero no necesariamente revelan todo lo que vivieron sus protagonistas.
LOS JUEGOS FLORALES Y EL RECONOCIMIENTO DE GABRIELA
La conversación llevó a Margarita hasta otro momento importante de la trayectoria de Gabriela Mistral.
En 1914, la poeta obtuvo un destacado reconocimiento en los Juegos Florales de Santiago con sus Sonetos de la muerte.
Aquel acontecimiento contribuyó a consolidar su presencia en el ambiente literario chileno.
Manuel Magallanes Moure formaba parte de ese mundo de escritores y artistas que seguían con interés el desarrollo de la poesía nacional.
Don Bernardo explicó que la correspondencia entre ambos pertenecía a una época en que las cartas constituían una de las principales formas de mantener vínculos personales e intelectuales.
No existían los mensajes instantáneos ni las comunicaciones digitales.
Una carta podía tardar días en llegar.
Y su respuesta exigía paciencia.
Cada sobre recibido podía convertirse en un acontecimiento esperado con ansiedad.
Margarita imaginó a Gabriela escribiendo junto a una ventana, escogiendo cuidadosamente sus palabras antes de enviar una nueva carta.
También imaginó a Magallanes Moure leyendo aquellas páginas y preparando una respuesta.
Era una forma de comunicación muy distinta de la que ella conocía.
Pero quizás precisamente por eso, pensó, cada palabra adquiría un valor especial.
¿FUE UNA HISTORIA DE AMOR?
Margarita no pudo contener su curiosidad.
Quería saber si Gabriela Mistral y Manuel Magallanes Moure habían estado enamorados.
Don Bernardo sonrió.
Conocía perfectamente aquella expresión de su nieta cuando una historia despertaba su imaginación.
Le explicó que la correspondencia contenía manifestaciones de afecto y cercanía emocional.
Algunas expresiones podían interpretarse como sentimientos amorosos.
Otras reflejaban una profunda amistad intelectual.
Sin embargo, sería imprudente afirmar que conocemos todos los detalles de una relación que perteneció a la intimidad de sus protagonistas.
Margarita escuchó con atención.
Su abuelo le recordó que los documentos históricos deben leerse respetando tanto su contexto como los silencios que contienen.
No todo lo que sentimos queda escrito.
Y no todo lo que escribimos puede comprenderse plenamente muchos años después.
La correspondencia, según el relato, se prolongó hasta los primeros años de la década de 1920, cuando Gabriela inició una nueva etapa de su vida vinculada con México.
UNA PREGUNTA INESPERADA
Después de hablar sobre los sentimientos de aquellos escritores, Don Bernardo decidió cambiar el rumbo de la conversación.
Con una sonrisa traviesa, le preguntó a Margarita si había algún compañero del colegio o algún muchacho del barrio que le gustara especialmente.
La niña se sonrojó de inmediato.
Protestó, asegurando que no quería hablar de esas cosas.
Su abuelo comenzó a reír.
Había conseguido sorprenderla.
Margarita insistió en que todavía no estaba interesada en ningún muchacho.
Don Bernardo no quiso incomodarla más.
Le aseguró que no tenía ninguna prisa.
Había tiempo suficiente para descubrir la amistad, el cariño y todos aquellos sentimientos que forman parte del crecimiento.
La niña agradeció que su abuelo abandonara finalmente aquel tema.
Pero todavía quedaba una sorpresa.
EL REGALO DE UNA CARACOLA
Antes de despedirse, Don Bernardo sacó un pequeño objeto que había llevado consigo.
Era una hermosa caracola marina.
Su superficie tenía formas delicadas y colores suaves.
Margarita la recibió con entusiasmo.
Nunca había tenido una tan bonita entre sus manos.
Su abuelo le explicó que aquella caracola era especial.
No solamente porque provenía del mar.
También porque, según él, guardaba una voz extraordinaria.
Margarita lo miró desconfiada.
Don Bernardo aseguró que, si acercaba la caracola a su oído y escuchaba con atención, podría oír la voz de Gabriela Mistral.
La niña comenzó a reír.
Aquello le parecía imposible.
Sabía que las caracolas pueden producir un sonido semejante al rumor del mar cuando se acercan al oído.
Pero escuchar la voz de una poeta era algo completamente diferente.
Su abuelo insistió en que debía intentarlo.
Después se despidió y salió de la habitación, dejándola sola con su regalo.
LA VOZ QUE PARECÍA VENIR DEL MAR
Margarita observó la caracola durante varios minutos.
La lluvia continuaba golpeando suavemente los cristales de la ventana.
Sobre su escritorio permanecían el libro de Gabriela Mistral y las páginas de su diario.
Finalmente decidió acercar la caracola a su oído.
Al principio escuchó un sonido tenue.
Un murmullo parecido al viento o al movimiento de las olas.
Pero entonces, en el universo imaginativo de aquella historia, ocurrió algo maravilloso.
Margarita creyó distinguir una voz.
Una voz femenina, profunda y serena, que parecía recitar versos llegados desde otro tiempo.
La niña permaneció inmóvil.
No sabía si estaba escuchando realmente aquella voz o si su imaginación había transformado los sonidos de la caracola en poesía.
Lo cierto era que las palabras parecían cobrar vida.
Gabriela Mistral ya no era solamente un nombre escrito en la portada de un libro.
Se había convertido en una presencia cercana.
Una voz que atravesaba el tiempo para encontrarse con una niña de San Bernardo.
LA POESÍA QUE PERMANECE
El episodio concluye con una evocación de la voz y la obra de Gabriela Mistral.
En el libreto original se incorporan fragmentos poéticos y recuerdos de lecturas que amplían la atmósfera literaria de la narración.
Entre ellos aparecen reflexiones sobre la muerte, el amor, la naturaleza y la relación afectiva entre las personas y los animales.
Esos pasajes recuerdan que la poesía de Gabriela abordó sentimientos profundamente humanos y universales.
Para Margarita, aquella tarde lluviosa había comenzado con tristeza.
Se sentía encerrada en su habitación y observaba con melancolía los árboles desnudos del invierno.
Pero terminó descubriendo una historia de correspondencia literaria, sentimientos compartidos y palabras capaces de sobrevivir al paso de los años.
También recibió un regalo que nunca olvidaría.
Una caracola que, gracias a la imaginación y al cariño de su abuelo, parecía guardar la voz de una de las mayores poetas de Chile.
Don Bernardo le había enseñado que los libros pueden abrir caminos hacia el pasado.
Que las cartas permiten acercarnos a quienes vivieron antes que nosotros.
Y que la poesía puede acompañarnos incluso durante las tardes más grises.
Porque a veces basta una palabra, un recuerdo o una voz para transformar completamente nuestra manera de mirar el mundo.
La lluvia seguía cayendo sobre San Bernardo, pero para Margarita aquella tarde ya no parecía triste.
¿Has leído alguna vez las cartas o los poemas de Gabriela Mistral? ¿Qué obra suya ha dejado una huella especial en tu memoria?

Sobre esta edición: Este relato es una adaptación para lectura realizada por ServicioWeb.cl a partir del radioteatro original Historias de Don Bernardo, con libretos y dirección de Marcelo Mallea H., publicado con autorización de su autor. Las recreaciones visuales fueron realizadas especialmente para esta edición de ServicioWeb.cl.
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